Un momento mágico

Pues sí, no lo puedo definir de otra forma. Eduardo,  con sus ocho años y su “odio” a besos y abrazos me ha pedido que me echase un ratito con él. Y aprovechando que estaba mi parejo… pues por supuesto que he ido.

Entonces me ha abrazado, y me ha dicho que era una suerte tener una madre como yo, que le consolaba cuando estaba triste y que le abrazaba. Me ha dicho que en mis brazos se calmaba… y yo estaba en una nube, queriéndomelo comer a besos (y comiéndomelo de hecho…)

ya se, ya se, que para todos los niños las madres somos así, pero hace ilusión que te lo digan, o no?!?!?!

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